Desafiando al miedo: primeras recomendaciones de poesía

¿Quién dijo miedo? No, con estos tres libros.

Esta vuestra librería virtual, o biblioteca pública o parque con libros esparcidos por la hierba ha vuelto a abrir, y os traigo las primeras recomendaciones para los que teméis la poesía, como Raquel.

Os traigo tres libros que creo son perfectos para empezar a leer poesía. Uno de ellos es más atrevido quizá para una primera lectura, por el tema que trata, pero os lo enseño precisamente por ello, porque se trata de un tema de gran actualidad y cuyo debate está en la sociedad, como la maternidad, y para desterrar mitos, como que la poesía solo habla de amor, o que el poeta o la poeta habla de lo suyo.

Os quiero hablar en primer lugar del libro Hierba en los tejados de Rafael Espejo. Un libro magnífico que comienza con su poema Día (pág. 9), y cuyo inicio es: «He sacado una silla al balcón / y me he sentado a vivir». Es un libro muy sencillo de leer, que despide luminosidad por cada esquina y pliegue, y que nos habla de eso, de vivir, de que el tiempo pasa y que a veces hay que pararse y subirse al tejado y dejar que crezca la hierba. El poemario está plagado de fábulas que te hacen volver a la infancia, como Fábula del árbol-liebre (pág. 19), Fábula del escarabajo (pág. 27) o Fábula de mis ojos. (pág. 32). Sus imágenes te hacen sentir vida. También encontraréis que su poesía está muy vinculada con la naturaleza.

Además de todo esto, es un libro muy pequeño, de 72 páginas, cuidadosamente editado por Pre-Textos. Un libro apto para todos los públicos.

Por otro lado, os hablo ya del que os he dicho con anterioridad que era más atrevido, se trata de Siamesa, de María Ramos. Quizá, si es la primera vez que lees nada de poesía te choque por la inmediatez de sus palabras, que no intentan ser políticamente correctas, por su tremenda frescura y su ternura que es a su vez desgarradora (podéis leer: «Nunca anhelé la fertilidad y sin embargo fui madre antes de tiempo. / Demasiado pronto, animal obsceno. Niña con una niña dentro», pero lo traigo precisamente por ello, porque trata un tema de tremenda actualidad como el de la maternidad, si ser madre, si no, el aborto… Pero el libro no se enmarca dentro de la poesía social de denuncia al uso, sino que toma un tema y habla sobre él, nos muestra las sensaciones de una madre que no quiso ser madre y que sin embargo ama hasta sufrir a su hija. Es un poemario que engancha y que abre horizontes, también fácil de leer y con unas imágenes y metáforas muy poderosas, no por ello oscuras, sino sencillas.

La fotografía que os muestro del libro que tengo yo es el de su primera aparición en la editorial El Gaviero, fantástica editorial que ha cerrado hace ya cerca de un año, por lo que podría hacer difícil su búsqueda, pero hace poco estaba en uno de mis paseos por las librerías de Madrid cuando de repente me encontré con una nueva edición del libro, esta vez autoeditado. Me pareció precioso, tanto, que tuve que frenarme para no comprar esta nueva edición.

Finalmente, no me he podido resistir a hablaros de nuevo del libro de Maribel Tena García, Como suceden los árboles, cuya reseña completa podéis leer en esta web, aquí. Solo deciros acerca de este libro que os va a trasladar, a hacer sentir el ritmo natural que debiera tener la vida, un crecer lento, como los árboles; encontraréis que, como en todo crecer, hay amor, despecho, injusticias. Os lo recomiendo sobre todo para esta primera toma de contacto porque es para mí, de los tres libros que hablo hoy, el que tiene un corte más narrativo, aunque no pienses que se trata de prosa poética, y con el que puede que te sientas muy a gusto con él, aunque no hayas leído nada de poesía. Es también un libro pequeño, 75 páginas, publicado por una editorial muy nueva, pero que trabaja muy bien, La Penúltima. Podréis leer en él:

El día que murió el padre de mi padre

una bandada de pájaros

sobrevoló los perales

en dirección al río…

¿Qué? ¿Os atrevéis con alguno?

Me encantará que me contéis qué tal os ha ido, qué pensáis sobre ellos.

«Cuaderno de campo». María Sánchez

Cuaderno de campo, poemas para aprender el ancestro del dolor y estar en trance entre la vida y la muerte, o cómo hacer que un organismo se adapte a la vida.

Por fin tengo en mis manos el poemario de María Sánchez, es más, ya está lleno de muescas y de arañazos, tan poco tiempo conmigo, apenas dos semanas y ya hemos hecho frente al dolor y la tradición al menos tres veces, en un interesante proceso de lectura en el que eres como un organismo tratando de adaptarse a la vida.

Tanta era mi expectación por los artículos que he leído escritos por ella, como el de Los científicos que murieron de hambre rodeados de comida(1), y de los que siempre se desprendía un misterio, un instinto de la vida, que aparentemente no conlleva raciocinio, que ya no podía esperar más. Ahora veo que en sus poemas llama al subconsciente y saca de él todo el misterio, todo lo extraño que llevamos dentro y que no lo sabemos, nos saca todos los rituales ancestrales, esos que nos salvan y a los que nos agarramos, que van en el ADN.

María Sánchez entra a formar parte de la larga lista de poetas que hay ligados con la ciencia y la medicina (ella es veterinaria de campo) como Carlos William Carlos, Paul Celan (aunque no terminó sus estudios), o Primo Levi, que menciona la misma autora en el libro. Es extraña esta simbiosis, o quizá no, porque cada disciplina se encarga de estudiar la vida desde diferentes ángulos.

No sé cómo se concebirá la muerte en un futuro, pero en la actualidad parece que solo encontramos adjetivos, nombres, verbos, que tienen que ver con la quietud, el silencio, el frío, un acto en soledad; aquí es donde la poeta rompe, porque dota al concepto, nombre y/o acción llamada muerte, de cuerpos calientes, de canciones, de pieles de lobo colgadas en la puerta, también hay algún silencio, pero un silencio de ritual, de comunicación con el dolor, y lo convierte casi en un acto comunitario.

El concepto dolor anega estas páginas en forma de familia, animales, vísceras, cuerpos calientes, sangre, hambre, amor, luz. «Porque habéis aprendido como esa especie de / pájaro a construir solo el nido en árboles que se / preparan para morir», (pág. 62) Y esto me lleva a plantearme, ¿no sabemos vivir sin dolor?¿Y si el dolor es un organismo vivo?¿Un organismo vivo que llevamos siempre con nosotros?, que se reproduce con La primera mancha; que sobrevive con el Monólogo acerca del instinto y de la entrega; que come gracias a La mano que cuida; que crece por Los favoritos de la luz; que se defiende y lucha gracias a que: Escribo nido no pecho no carne no cielo; que enferma y entonces Los animales buscan sitios difíciles para morir; y el dolor, este organismo vivo, que va dentro de nosotros, muere con La última herida. (2)

Son muchos los temas y comportamientos humanos los que se pueden extraer de un libro con trasfondo y con ideas, como este, pero me voy a centrar en cómo escribe la relación entre el dolor, la familia, la naturaleza en confluencia con la mujer, cómo el sujeto mujer responde a todo ello. Observo que lo hace desde su yo, desde su voz, que es de mujer, sin pretensiones de ser universal, y ni falta que le hace, pero sí que refleja en su poesía un ahora extendido en la sociedad. Se está produciendo actualmente un cambio en la mirada en la sociedad y ello se refleja en su literatura. Así, parece que la mujer se quiere desprender de la culpa de no poder satisfacer todas las necesidades, y donde la mujer en la poesía ya no es solo flores, dulzura o cuerpo sensual, sino que puede significar «hambre» y «dolor». En uno de los poemas podemos leer: «sí todos los animales que he alimentado como / los hijos que no tengo, / porque ya sabe, / yo soy un vientre vacío, mamá / y no soporto que escribáis sobre vísceras y ve- / nas sin haberlas tocado» (pág.59).

POSTDATA:

¿Qué es entonces lo más interesante de la poesía de María Sánchez? Saber mantener el diálogo entre la tradición y la contemporaneidad. Pareciera que toma de la mano a la tradición y le dice, de acuerdo, aquí estás, no te voy a eliminar, porque de ti se aprende, pero ahora yo también formo parte de ella y vas a tener que asumir que soy mujer, que no solo cuido, sino que también puedo producir dolor, pero que también curo, que soy una persona completa, no solo da vida, sino también muerte, es reclamar la capacidad de decidir sobre ella misma, verla como una adulta.

Cierro el libro, veo las flores dispersas, sin tocarse, de la portada del libro, y pienso en este verso: «venid que yo os enseñaré a tener siempre / hambre». Pocos versos con tanta fuerza y con tanta enseñanza sobre la vida he leído y este es uno de ellos.

FICHA TÉCNICA:

Título: Cuaderno de campo.

Autora: María Sánchez.

Editorial: La Bella Varsovia.

Año de publicación: 2017.

Páginas: 90.

Biografía de la autora: María Sánchez nació en Córdoba en 1989. Es veterinaria de campo. Sus poemas han sido publicados en revistas y antologías como Apuestas (La Bella Varsovia, 2014). Colabora habitualmente en medios digitales y de papel sobre literatura y ganadería. Sus poemas han sido traducidos al francés, portugués y al inglés.Cuaderno de campo (La Bella Varsovia, 2017) es su primer poemario.(3)

Su página web es: www.maria-sanchez.es

NOTAS:

(1)Artículo que escribió para Gonzoo en abril de 2015.

(2)Títulos de los capítulos de los que se compone el poemario.

(3)Biografía extraída de la editorial La Bella Varsovia.

¿Cómo recomendar poesía a quien teme la poesía?

¿Has pensado alguna vez que te gustaría leer poesía pero que no sabes por dónde empezar? Déjame que te ayude, lee lo que viene a continuación.

Esta sección se podría llamar también, Libros para Raquel, ya que es a raíz de una conversación nocturna con ella (gran amiga y entusiasta lectora) sobre la dificultad para entender la poesía y su no atrevimiento o no saber por dónde cogerla. Y fue en esa noche cuando le dije que le haría una lista de libros para poder introducirse en ella.

Ha pasado más de un año de esta conversación, pero nunca me he olvidado de ella. Llevo tiempo pensando en cómo hacer frente a este reto, el cual me dispongo a realizar. Así que le debía estos libros, de los que iré hablando poco a poco, sin prisa. Estos libros para ti, Raquel, y para los que como tú, temen la poesía, pero que no quieren hacerlo.

Voy preparando los materiales, necesito bolígrafo, lápiz, papel y libros, muchos libros. Entonces surge la primera dificultad, porque es muy sencillo hacer una lista de tus libros preferidos, pero ¿cuál debería ser el primer libro de poesía que recomiendas a una persona que no ha leído nada (hablamos de adultos) o casi nada de poesía y que casi seguro que cuando lo ha hecho ha sido por obligación? Difícil, muy difícil la elección, porque además cada persona tiene una maleta de experiencias que la hace totalmente diferente a las demás, y es fácil que lo que sirva para uno, no sirva para otro. Pero he querido intentar dar unas pautas generales. Hay que partir de la base de que es imposible hacer un cuestionario exhaustivo a esa persona sobre libros leídos, formación académica, gustos artísticos… y tener que guiarte por la intuición, por las impresiones que sacas de la persona que tienes delante, si es que la tienes delante.

No me extiendo más, os hablo ya de las pautas generales que voy a seguir yo:

Yo comenzaría recomendando un libro de un autor o autora del país natal del futuro lector, ya que a través del lenguaje, del idioma, se transmite una cultura y un sentir de un pueblo y eso le puede hacer sentir más cercana la poesía. (Ya habrá tiempo, una vez que quede atrapado por la poesía, de empezar a hablar de otras expresiones poéticas extranjeras).

Por otro lado, tendría que ser un autor o autora contemporáneo al lector, ya que también, a través del lenguaje, se transmite una determinada forma de mirar el mundo, una transmisión de ideas; y si introducirse en un lenguaje figurado de alguien que se ha educado y se ha formado como persona con tus mismos cimientos, ya entraña esfuerzos, imaginaos con autores, por ejemplo, de la época medieval, momento en el que impera la idea del amor cortés, y que en la actualidad, si queda alguien que lo practique es un pequeño reducto. Una persona con poco tiempo para leer lo único que va a sentir es rechazo, leerá el primer poema y quizá hasta el segundo, pero luego es muy probable que cierre el libro para no volverlo a abrir nunca más. Habrá que enganchar a esa persona primero, para después hacerle bucear por la historia de la poesía.

Para un primer libro de poesía elegiría un libro de factura más bien narrativa, y por supuesto huiría de cualquier poemario vanguardista que experimentase y rompiera por completo la estructura del lenguaje. Actualmente nos hallamos inmersos en un mundo narrado, y es posible que al empezar leyendo algo que no rompa por completo sus esquemas lo acepte con más facilidad.

Sería interesante también, que en ese primer libro que se recomienda, se viera bastante claro el tema, temas o sentimientos que trata (si es uno solo, mucho mejor) para ayudar a focalizar y a introducirse a esa persona en una manera de decir, y evitar que se pierda en la medida de lo posible.

Y muy importante, es decirle a esa persona, (me tomo a partir de ahora la licencia de dirigirme a ti en primera persona). Decirte que no intentes entender todo, que pruebes a ir visualizando las imágenes que se te muestran en los poemas una a una, piensa qué te hacen sentir. Ese libro de poemas no te va a relatar una historia con un esquema de introducción, nudo y desenlace, que te va a mostrar todas las respuestas y todas las acciones de un protagonista; sino que lo que te muestra es un relato de sentimientos, de sensaciones, de preguntas que te llevan a otras preguntas y a casi ninguna respuesta. Con un poema olvídate del espacio, del tiempo y la acción, son estos meros engranajes, si es que están presentes, para contarte otra cosa, para traducirte en ocasiones sentimientos abstractos como la soledad, ¿sabes tú cómo es la soledad? Pues hay muchos y muchas poetas que han intentado aproximarse a este sentimiento.

Así que lo que hay que hacer es dejarse llevar y no intentar racionalizar lo que se lee; sino leer y ya está, disfrutar en primer lugar de lo visual, de las metáforas e imágenes, y más tarde, de los giros del lenguaje y el ritmo de los versos.

Además, te diría que no te des un atracón de poemas, que no pasa nada si solo lees un poema cada vez, y que no hay nada vergonzoso si la primera vez que lees el poema notas que te transmite algo, pero que no estás seguro de qué, y que necesites volver a leerlo una segunda, tercera o cuarta vez (las que necesites), no es una maratón en la que tener que acumular poemas como kilómetros. A mí, personalmente, me gusta siempre leer mínimo dos veces cada poema porque siempre hay matices que te pierdes en la primera lectura. Además, a un libro de poesía, por mil veces leído, siempre se vuelve en algún momento a él, y es raro que no vuelvas a disfrutar y no te vuelvas a sorprender.

Ahora te cuento un secreto, debes saber que por lo general los libros suelen tener una unidad simbólica, rítmica y de estructura que se repite a lo largo del libro, que te va a ir dando las pistas, para poder saber, por ejemplo, qué es lo que puede significar un simple vaso de cristal vacío, puede que ya casi al final descubras que simboliza el olvido, y puede que al terminar de leer el último poema y volver a leer el primero, le otorgues un sentido diferente al que le habías dado.

También llegará un momento que el libro y tú compartiréis un lenguaje, unas expresiones que no compartes con otros, tendréis momentos de complicidad. Esto es como cuando estás con tus amigos y os decís, por ejemplo, «limón», y le hacéis una broma a un niño del parque, es como si compartieseis un lenguaje secreto y encriptado (por cierto, a esto se le llama idiolecto, y observarás que ocurre a menudo también entre parejas). Y sí, hay que tener un poco de paciencia, como en toda relación, para conseguir encajar las maneras de hablar de cada uno y llegar al final a una unión.

Y por último, pero no menos importante, no hay una verdad absoluta sobre lo que tienes que sentir acerca del poema, ya que cada persona es diferente, con sus vivencias determinadas y únicas, que hace que cada persona haga suyo el poema, y por lo tanto habrá imágenes y palabras que retumbarán como un eco, y no las dejarás marchar, cuando habrá otras que te pasen desapercibidas.

Has sido un/a valiente si has leído hasta aquí, tendrás que esperar hasta el siguiente artículo, donde revelaré el libro elegido para una primera lectura de poesía, pero espero que lo que te he contado hoy te sirva para quitarte un poco el miedo, hasta entonces lee, ama, ríe como quieras, pero hazlo, no dejes de disfrutar la vida.

«Leopardo». Raúl Nieto de la Torre

Pongamos que es primavera cuando escribo esto, abril, por qué no, hoy no nos pelearemos con el calendario.  Y recordemos septiembre, cuando os hablé de otra poesía, de otro decir, queda ya lejos o más cerca si quieres, tú decides, porque ¿qué te queda ahora más cerca, la vida o la muerte? Repaso el perfil del tejado que veo desde mi ventana, donde se unen la quietud de las plantas de las terrazas y el azul del cielo, y pienso en que yo no tengo la verdad absoluta sobre esto. Pero siento que me acerco someramente a ello gracias al libro del poeta Raúl Nieto de la Torre, Leopardo, editado por Tigres de papel. En él intuyo que vida y muerte son uno. Observo la portada del libro, una silueta continuada, sin límites, sin cerrar cuerpos, de leopardo, rama y ave rapaz, ¿quién se sostiene en quién? ¿La vida en la muerte o la muerte en la vida? ¿Y somos nosotros a pesar de la muerte? ¿Es inevitable vivir, sufrir, amar, morir y vivir de nuevo?

El poeta se acerca a estas cuestiones tan abstractas, pero tan reales para nosotros, tanto que nos recorren en un escalofrío, porque no es la diferencia entre calor y frío lo que ocurre, que te da como un látigo, sino darte cuenta de repente de que estás vivo y preguntarte qué haces con esa vida, tanta vida tienes, que quizá tengas miedo de tener también tanta muerte, y quizá darte cuenta de que lo tuyo, tu existencia, es un «torpe rugido afónico» (pág. 57).

Este poemario va de sostenerse en la vida o en la muerte, y de saber que hay dolor, que existe, que hay silencios, que los puedes escuchar, que puedes escucharte.

Recuerdo la presentación del libro el pasado 31 de marzo, cuando en la lectura a tres voces casi intuyo al leopardo, símbolo de sentimiento y sensaciones esquivas, pero que siempre están ahí, aunque tú no puedas ubicarlas exactamente; pero la vida, la muerte, el silencio, el amor, el miedo, están ahí. Recuerdo que escuchaba los poemas y me parecían enigmáticos, como andar tras una pista, pero sin saber exactamente qué buscas. Y al leer estos poemas ya no de forma colectiva, sino en un acto privado, una cita personal entre el libro y yo, entre el leopardo y yo, se puede observar la enorme riqueza de imágenes y metáforas (hay puertas abiertas en jaulas vacías, ciervos atropellados, un viento que no esparce lo que mueve, un ahorcado en mitad de una casa…), del dominio de una lengua, de cómo apretarla para sacar todo lo que quiere decir. Me recordaba por momentos a Alejandra Pizarnik, por esa capacidad de colocar al verso, y a ti por consecuencia, en una posición incómoda, hablando de cuestiones muy duras, y ser capaz de mostrar una belleza que duele. Porque, ¿dónde van los pero que inician once poemas de los más de sesenta que conforman el libro? No sabemos dónde anclar ese pero y por momentos no sabemos dónde anclarnos nosotros mismos, ¿anclarnos a esta realidad que nos circunda a veces extraña y tan antinatural para nosotros?, ¿o anclarnos en nuestro interior? Y en el poemario se nos dice: «Se posa el pájaro en sí mismo, / tiene la rama dentro […] Como esa rama, acaso está la muerte / también dentro de él / y de mí mismo» (pág. 26).

Estos poemas tienen la virtud de que no se agotan en la primera lectura, sino que cada vez que los lees descubres un nuevo matiz, un mirar nuevo, y te llenan de nuevo de presagios, enigmas, intuiciones, de creer que tocas la realidad de tu alrededor. Y terminarás siempre leyendo como un mantra el último poema, que te empuja a ser tú mismo, con tu vida, tu muerte, tu rugido afónico, tu dolor y tu silencio: «Pero no dejaré que la ventana / me diga lo que debo mirar» (pág.84).

Son poemas duros, pero necesarios, porque no mirar el ataúd va a hacer que el muerto desaparezca.

POSTDATA

Eso sería bastante.

Como los hijos que se buscan

en el entierro de su padre

para decirse que no hay nadie

ya entre ellos y la muerte.

Como esas frases

que no tienen sentido

pero insisten muy altas en la noche del insomnio.

Como estrellas…

(Fragmento de poema de Leopardo, Raúl Nieto de la Torre, Tigres de papel, pág. 17)

Podría decir muchas cosas sobre este poema, pero solo diré, que te recomiendo que lo leas entero, y que lo vas a querer volver a leer una y otra vez, y cada vez aprenderás más sobre ti mismo.

FICHA TÉCNICA:

Título: Leopardo.

Autor: Raúl Nieto de la Torre.

Editorial: Tigres de papel.

Año publicación: 2017.

Páginas: 84.

Biografía del autor: Raúl Nieto de la Torre nació en Madrid en 1978.

Es licenciado en Filología Hispánica y doctor en Literatura Española por la Universidad Autónoma de Madrid.

Ha publicado cinco libros de poemas: Zapatos de andar calles vacías (2006), Tríptico del día después (2008), la antología Salir ileso (2011), con fotos de Rubén Nieto de la Torre y diseño de Marisa Núñez, Los pozos del deseo (2013) y Leopardo (2017), en Ediciones Tigres de Papel.

También ha publicado crítica literaria, narraciones breves y el ensayo El héroe de ficción y las ficciones del héroe en la obra narrativa de Luis Landero (2015). Profesionalmente, se dedica a la enseñanza de la lengua y la literatura.(1)

Notas:

(1) Biografía extraída de la editorial Tigres de papel.

Enlaces de interés:

En este enlace podéis ver la presentación del libro realizada el 31 de marzo de 2017 en la Casa del Lector del Matadero de Madrid.

«Como suceden los árboles». Maribel Tena García

Pongamos que es septiembre, aunque el calendario me desmienta y quiera que sea enero de 2017, pero septiembre es realmente para mí el punto de inflexión, la sombra agradable del verano. Por esto es este mes, para empezar una nueva manera de hablar de libros.

Así que pongamos que es en septiembre cuando me topo con un libro que ya se ha hecho en mí por su título, Como suceden los árboles, que me lleva a otros libros leídos, como La paciencia de los árboles de María Sotomayor o a Antonio Machado y sus Campos de Castilla, libros que beben de la tradición de medir el tiempo humano al ritmo de la naturaleza, medirse al ritmo de los árboles.

Me esperaba que el poemario estuviera plagado de referencias a la naturaleza, a los árboles, pero voy leyendo sus páginas, descubro que no, que lo puebla la lengua carnal, y la lengua que dice padre y madre, y dice el peligro, pero que lo ignoramos, como en su poema Gen Tas2R38 («Bendito el tiempo remoto / en que era la lengua profeta del peligro», pág. 12) o nos dice el dolor primero, el indivisible («que lo más pequeño, / desde el principio, / albergaba la señal primera del desastre», Matrioska, pág. 18) y la lengua como idioma se va tornando y haciendo en abrazos, en «codornices con almendras» (Lecciones, pág. 23).

Ilustración. Franz Eugen Köhler’s Medizinal-Pfianzen.

Y no, no encontramos los árboles físicos, sino su ritmo pausado de crecimiento, su suceder hecho poemas, y quizá este libro sea un Quercus robur, un roble que acabo de saber que tarda entre cuarenta y cincuenta años en florecer. Un roble que narra su memoria, su identidad, las injusticias, un testigo vivo de su tiempo, de la España y del mundo de los años 10 del siglo XXI. Un roble de Raíces verticales, un roble en el perímetro del incendio, un roble con aspiración a fruto (1). Y donde lo más espectacular, lo más visible, queda para el final, el fruto. Observo cómo los poemas se resuelven con gran fuerza al final, pareciendo estos quizá al principio algo monocromáticos, pero una vez que aprendo los primeros poemas, los siguientes siempre quiero llegar al final para saber qué fuego artificial ha preparado, y el poema final, ese que casi me pierdo porque aparece en la contraportada, es el que da sentido a todo el poemario, sin él, el poemario no tendría toda la unidad necesaria, sería una recopilación de poemas, pero como los árboles, hay que ser pacientes para llegar al fruto.

Pensando en quien querría leer este poemario de mi «cuarto de libros», pienso en alguien que quiera toquetear, palpar por primera o casi primera vez la poesía, sentir su peso o su liviandad, y pienso en esa persona porque este libro por su factura narrativa, por su sencillez y limpieza metafórica, sin escondrijos, por sus detalles cotidianos y su denuncia social le harían sentir y le harían querer más poesía.

Postdata: Hay un poema de todo el libro que me obsesiona, es Augurio (pág. 21), y me obsesiona por varias razones: porque es el que más fuerza tiene de todos los poemas y porque es el que a su vez veo que termina de forma menos sólida, diluyéndose el poema, con imágenes algo ya sabidas y agotadas, y me pregunto por qué la poeta no paró antes el poema. Porque los diez primeros versos son tan plásticos, ese amor en silencio de padre e hijo roto por la bandada de pájaros, ese amor que se puede tocar, que está vivo, que se hace verdad según lo lees. Pero luego continúa utilizando cada vez más palabras concepto, abstractas, que se nos escapan de nuestras manos, que ya no tienen el matiz concreto, que ya no podemos ver, y el amor se nos queda perdido en un remolino de polvo. Pero esos diez primeros versos, eres afortunado si los lees. Sí, esos diez versos únicos:

AUGURIO

En lugar de decirme te quiero

mi padre me regalaba aceite.

Begoña Abad

El día que murió el padre de mi padre

una bandada de pájaros

sobrevoló los perales

en dirección al río.

Parecían lanzar sobre nosotros

un augurio medieval a destiempo.

A contraluz vimos

cómo deshilachaban el mediodía,

y rompían el silencio

con que ambos se habían amado.

 

 

Simplemente leer poesía, simplemente leerte, simplemente leer la vida. Seguro que sois muchos los que disfrutáis con esta lectura.

Ficha técnica:

Título: Como suceden los árboles.

Autora: Maribel Tena García.

Editorial: La Penúltima editorial.

Año publicación: 2016

Páginas: 75.

Biografía de la autora: Nace en Villanueva de la Serena (Badajoz), en mayo de 1978. Se licencia en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, con la intención de dedicarse profesionalmente a cultivar su amor por las letras. En ello está desde el año 2000, primero enseñando español en la universidad de L’Aquila (Italia) y después a través de la docencia de Lengua y Literatura en institutos de Secundaria. En 2012 publica su primer libro de poemas, Mujer fractal (Origami). Aparece asimismo en las obras colectivas Voces del extremo, publicadas por la editorial Amargord: Poesía antidisturbios (2015); Poesía y Raíces (2016). Junto a otros poetas publica en 2015 en Origami la obra homenaje a Juan Antonio González Iglesias Dicebamus crastina die. Decíamos mañana. (2)

Notas:

(1)Títulos de los capítulos en los que se divide el poemario.

(2)Biografía extraída de su libro Como suceden los árboles, La Penúltima editorial, página 75.

Nueve de mis libros imprescindibles

Se acaba el año y me gustaría compartir contigo algunos de los libros que últimamente me han impactado más, y algunas deudas saldadas, como leer al fin Las olas de Virginia Woolf, mi adorada Virginia Woolf, que verás que aparece dos veces aquí. Esta lista forma parte de la que he preparado para Fragmentos de Tinta y a la que le he añadido otros cuantos, me ha sido difícil parar, por suerte estos últimos años he disfrutado muchísimo leyendo. Lo dicho, te comparto la lista de libros. Cómpralos, búscalos en la biblioteca, haz trueque con tus amigos, haz como quieras, pero te recomiendo que los leas, no creo que te arrepientas.

1.Siamesa de María Ramos, editorial El Gaviero: Son muy pocos los libros de poesía que tratan el tema de la maternidad, y aún menos los que abren la puerta a disyuntivas como el aborto o el pensamiento de que quizá no volverías a ser madre y que habla del choque de sentimientos. A mí me introdujo como en una mente bipolar, en una espiral de locura, donde lo bello hiere. Una propuesta muy interesante sobre un tema poco explorado. Para mí este libro es como escribir desde el vientre, es sacar los demonios que oscurecen tu cuerpo.

2. El verano sin hombres de Siri Hustvedt, editorial Anagrama: Mia es poeta, su marido le pide una pausa, que tiene nombre de mujer y se vuelve temporalmente loca, por lo que tiene que estar internada unas semanas, cuando sale decide irse a pasar el verano con su madre, en Minnesota, donde tendrá que volver a encontrar su espacio. El verano de Mia se dividirá entre sus clases de poesía que impartirá a siete niñas preadolescentes y sus visitas a su madre y sus amigas en la residencia. Será también un verano salpicado de misterios y enigmas, con mensajes de Don Nadie y una niña que va siempre con peluca.

Uno de los aspectos que más me gustan es que este es un libro que te permite hacer dos tipos de lecturas, una más lineal y superficial en la que disfrutas de un verano con sus personajes, con los que ríes, lloras, incluso hay momentos para la nostalgia y hablar de sexo. Y una lectura en clave simbólica, en el que como en un puzle unir la niña de la peluca, los escritos de Don Nadie, la poesía… y descubrir algunas «verdades».

3.Poesía completa de José Watanabe, editorial Pre-Textos: Recomiendo toda la obra del poeta peruano José Watanabe, en la edición de Pre-Textos. No me es posible decidirme por uno de sus libros, los adoro todos. Su poesía bebe de la tradición poética hispanoamericana y de la japonesa, más en concreto de la forma poética del haiku; por lo que en su poesía la naturaleza es una constante, como lo son lo enigmático, lo diminuto y lo carnal. Es un poeta que hay que leer al menos una vez en la vida.

4.El hielo en el fin del mundo de Mark Richard, editorial Dirty Works: Me fascinó por su capacidad de introducirte en una atmósfera en todos los relatos, un tipo de atmósfera pantanosa, relatos en los que se transmite que el sueño americano quizá no lo sea tanto.

Los relatos están enmarcados en el realismo más encarnizado y del que parece que se trata de huir por momentos con una gran dosis de poesía y surrealismo. Nos acompañará de continuo una sensación pesada, como si siempre hiciera calor, y nos muestra un mundo extraño, a veces un aire viciado, en el que te encuentras flotando un caballo, madera, gente que parece que ha sido cocida, cuerdas que cuelgan de los árboles y que conectan con el pantano, y podrás navegar por la orilla y ver una casa destrozada y rodeada de vestigios indios, niños peces y niños abandonados en sus casas que esperan la llegada de los perros callejeros por las noches y que juegan a ponerles nombres.

5.Las olas de Virginia Woolf, editorial Edhasa: Me fascina Virginia Woolf, y este libro lo tenía pendiente en mi lista de lecturas, y al fin, hace unos pocos días que lo terminé de leer, y confieso que tengo ganas de volver a leerlo ya, y hacerlo como un experimento, leerlo entero en un solo día, desde por la mañana bien temprano, cuando empiece a salir el sol y terminar al caer la noche (como ocurre en el libro) y dejarme invadir por los pensamientos y lo que les ocurre a este grupo de estudiantes que se despiden en verano después de terminar sus estudios, pensamientos que vienen y se van como el movimiento de las olas, y donde el tiempo se mide de otra forma. El argumento casi no existe, pero Virginia Woolf con su lenguaje te va atrapando y cuando te das cuenta ya estás mar adentro y no hay quien te saque de la marejada de pensamientos y sentimientos. El libro es todo poesía, empieza y acaba siendo una novela con estructura poética, de la que sales transformado, el mundo a tu alrededor ya no es el mismo, es la misma sensación que cuando lees un poema, que se mete en ti y cuando ha terminado de pasar por tu boca, de hacerlo tuyo, todo ha cambiado.

6.Doble fuga de amor y muerte de Jean Legrand, editorial Periférica: Esta es una gran historia de amor, un librito (nouvelle) que condensa un tratado de amor, belleza y muerte materializado en un cuadro lírico donde se unen ambos códigos, el pictórico y el lingüístico para dar lugar a un lenguaje nuevo, en el que las palabras saben crear un segundo plano que está siempre presente, como el de la guerra, y donde las palabras son escorzo, dando profundidad al texto, tanto que según vamos leyendo podemos ver cómo sobresale un hombro o una rosa colocada en el alféizar de la ventana.

7.El cementerio de los reyes menores de Zoran Malkoc, editorial Rayo Verde: Este libro de relatos es uno de los más impresionantes que he leído nunca. Zoran Malkoc desde este año se ha convertido en uno de mis escritores de cabecera. Podríamos definir este libro de relatos como un «absurdo maravilloso» a camino entre las escenas inverosímiles y el reflejo de un mundo de drogas, guerras de mafiosos mezclado con un humor ácido que corroe, del mejor Pulp Fiction de Tarantino, y el realismo mágico de Pedro Páramo de Juan Rulfo, que llena este libro de poesía y misterio. Y de fondo, siempre, siempre, la postguerra de la guerra en Croacia.

8.El sueño de la aldea Ding de Yan Lianke, Automática Editorial: Un libro que habla de la codicia del ser humano y de sus terribles consecuencias. Parece que una maldición haya caído sobre la aldea Ding, pero no es una maldición, es la consecuencia de los actos codiciosos de unos pocos lo que asolará la aldea, la venta masiva de sangre sin precauciones. La enfermedad de la fiebre, así es como se conocerá el SIDA en esta aldea y alrededores.

La apuesta formal es atrevida y acertada, es como un poema hecho novela, donde vemos fluir la sangre y el dolor a cada momento, lo que irá en auge hasta llegar al final cuando se desborda el desenlace y en el que se ha vaciado toda la ira, entonces, solo entonces, hay paz y puede surgir una nueva vida.

Esta es una novela prohibida en China, donde se habla del escándalo de la sangre contaminada de la provincia de Henan.

9.Leer o no leer y otros escritos de Virginia Woolf, Abada editores: Ya veis, Virginia Woolf de nuevo, sí, pero esta vez en su faceta de ensayo, tan importante y tan reveladora como su obra de ficción.

«Haciendo planes». Karmelo C. Iribarren

Escribo esta reseña desde una cafetería cualquiera, el café listo y el último poema leído, con el tacto del papel que sigue en las yemas y el verso final que aún reverbera en mis labios, «al anochecer: la melancolía» (pág. 73, La melancolía).

Y me planteo qué he leído, qué palabras han dado forma y volumen a mis ojos durante un tiempo finito, quizá dos horas, del papel, y que cobra tras su lectura un aire sempiterno en la atmósfera lograda, en el sabor agridulce que deja.

«Nada para recrear la vista. Algo sólo para sentir» (pág. 16) escribirá Karmelo C. Iribarren en un poema del inicio, El arte y yo. Y ciertamente, esto es Haciendo planes, editado por Renacimiento: un escenario donde predominan las sensaciones; un escenario de nostalgia que tiene como decorado una cadencia lenta, sinuosa, de versos, que van languideciendo; los bares; cafeterías; calles adoquinadas; farolas, y el agua que cae en forma de lluvia persistente, en ningún momento convertida en tromba, sino como un fondo en tus ojos, agua de mar, agua en forma de lágrimas. Da igual cómo, pero siempre el agua como cordón umbilical entre pasado, presente y futuro, de la misma manera que el ventanal desde donde escribo, donde resbala la lluvia y transforma las personas de fuera.

Un poemario que está siempre observando, en el que el tiempo pasa.

Pero, ¿qué es lo que causa la nostalgia?: el amor, un amor pasado que se fue y que le dejó «haciendo planes».

No desistas si al principio notas una carga, si sientes cómo los poemas, el papel, tus manos, tu boca, se van humedeciendo y enfriando. Por momentos quedarás plano, sin saber qué sentir, pero pronto el poeta remonta y nos vuelve a hacer sentir y podrás leer un buen puñado de versos, como «La vida tiene que ser, por fuerza, otra cosa, / estar en otra parte, más allá / de esa lluvia que no deja de caer ahí fuera, / que no deja de caer aquí dentro…» (pág. 58, La vida tiene que ser otra cosa), o «a través / de la estepa nevada del folio, / hileras de palabras, imparables, avanzan, / por verte, una vez más aquella tarde / sonreír». (Pág. 65, Hacia un poema de amor).

Y como la lluvia, es casi más importante lo que se calla, lo que se da a entender, que lo que se lee, es más importante el después, cuando la lluvia ha finalizado y ha transformado todo su alrededor, así se comportan estos poemas.

Tuscumbia de Lola Nieto

“O sentirte encerrado en tu sin-sentido, en tu miedo, tu enigma”

tuscumbia_lola_nietoLola Nieto ha conseguido algo que no es fácil, crear y mantener una atmósfera continua que llega a su cenit en el último poema; nos invade durante todo el poemario una sensación de claustrofobia, de sentirte encerrado, de no saber qué ocurre, de creer que todo es misterio y enigma. Lola Nieto ha creado poemas como de terror psicológico.

Tenemos frente a nosotros una voz inconfundible, que es un híbrido en el que se rompe la frontera entre poesía y prosa, sus poemas se posan en el umbral del relato, aunque no lo llega a cruzar nunca del todo. El libro físico es una pieza más de esta pieza de arte llamada “Tuscumbia” con sus juegos de tipografía, cambios de letras, palabras que al final se deshacen en puntos diminutos… Este libro nos recuerda un poco a las vanguardias, quizá al Dadaísmo, porque la poeta nos provoca, nos cuestiona a nosotros y a ella misma y junta las palabras como angustiada, sin respiración, entrecortando la lógica del lenguaje.

Subyace durante todo el poemario que la vida, que nosotros somos misterio y por eso somos cajas en las que no sabemos qué es lo que tenemos guardado, preguntarse cuántas cajas somos es como preguntarse cuántas personas somos en una sola, y ¿las puedes separar?, ¿qué ocurriría si lo hicieras?

Puede que quizá al principio no sepas de qué va “Tuscumbia”, que no le encuentres mucho sentido ni sepas qué es lo que tienes que sentir, pero te recomiendo que no lo dejes, porque lo mejor está al final, donde hallarás el poema “Jean Améry y mi madre | La caja del lenguaje destrozado”, con el cual alcanza a crear un lenguaje completamente nuevo, necesario para poder hablar del suicidio, ya que con el lenguaje lógico y cotidiano parece que no se hace.

El libro es un ente orgánico que va creándose según lo vas leyendo, que tiene vida propia y tú no puedes controlarlo.

Lola Nieto (Barcelona, 1985), es Doctora en Filología Hispánica, coordina con Antonio F. Rodríguez y Laia López Manrique la Revista Kokoro, publicó en 2014 el libro “alambres” (Kriller71-Púlsar).

“Nadie se atrevía a retirar los cuerpos porque entendieron que era un presagio. Entendieron que en ese lugar todo lo que cayera se perdería dos veces” (página 42, poema “arcoíris”, “Tuscumbia”, Lola Nieto, Harpo habla, 2016).

La paciencia de los árboles de María Sotomayor

la_paciencia_de_los_arboles_maria_sotomayorNo evites leer este libro por muy doloroso que te pueda resultar, porque no lo vamos a negar, este libro pincha (¡y tanto!), cada poema es como una espina, que nos hace enfrentarnos a nuestro yo del mañana, al mañana de tus seres queridos y por esto encontrarás continuas referencias a la vejez, al deterioro del cuerpo y la mente, pero hallarás también ternura y la inocencia y la alegría del juego revivido.

María Sotomayor hace que las palabras se expandan y se acompasen al ritmo de los árboles y que se enreden con la memoria, la herencia y el acto de vivir, es un acompasar lento, una vida a veces en espera que crece año a año en los bosques, en el agua, en los peces, en el recuerdo, en la enfermedad, en la caca y finalmente en la muerte.

A lo largo de todo el libro hallarás un fino hilo conductor, o mejor dicho, una raíz que se irá haciendo cada vez más fuerte y que conectará varias generaciones de mujeres que se apoyan la una en la otra. Es interesante ver cómo María Sotomayor es capaz de transmitir los diferentes “papeles” que representa una sola mujer al mismo tiempo, la flexibilidad de su cuerpo y mente, siendo abuela-madre-hija o madre-hija-nieta.

Y todo esto nos lo cuenta de una manera delicada, repleta de detalles cotidianos, de platas, de pequeños poemas, los cuales algunos rozan la fábula y el encantamiento, y es una poesía muy visual, plástica, pictórica, que podrías rozar con la yema de tus dedos. Y te preguntarás, ¿qué tiene este poemario de diferente con otros que también hablan sobre la vejez, la enfermedad, la muerte? La diferencia está en la manera de mostrárnoslo, que podría decirse de influencia barroca, instante en el cual nos empezaron a mostrar mendigos, niños hambrientos, heridas. María Sotomayor no huye de lo feo y de lo que nos puede dar incluso asco, no se gira ni tapa nada, sino que lo incluye y hace que todos comprendamos y aceptemos que existe.

Con este libro aprenderás la paciencia de los árboles y que “Tienes el sabor de los ojos cuando se cierran/ un viento tranquilo en las manos/ que habla todavía de niñas grandes/ masticando los tallos y sonrojando la flor” (página 11, “La paciencia de los árboles” María Sotomayor, Le Tour 1987).

Aprendiendo a desaprender en poesía II. Es cuestión de cuestionarse.

Segunda clase magistral, segundo profesor, esta vez conozco a Pablo García Casado, que nos recalca el hecho de cuestionarse, cuestionarse el punto de vista, el ritmo, el tema, el hecho poético… cuestionar al creador, la creación y a la poesía misma.

Así que la conclusión es que es cuestión de cuestionarse y yo ahora me cuestiono y me borro del primer nivel de conocimiento, memoria, tradición, que ya está viciado y me instalo en el segundo nivel, en ese que puede ver de manera limpia y nueva, para empezar a construir de nuevo, para reorganizar los elementos, jugar a que la poesía quiere aprender la vida y jugar a un nuevo lenguaje, ese que no tenga miedo, que se atreva con la cicatriz desde dentro. Y atreverse a colocarse en el incómodo asiento de la espiral de la cuestión.

Comienza el borrado ya.