Nueve de mis libros imprescindibles

Se acaba el año y me gustaría compartir contigo algunos de los libros que últimamente me han impactado más, y algunas deudas saldadas, como leer al fin Las olas de Virginia Woolf, mi adorada Virginia Woolf, que verás que aparece dos veces aquí. Esta lista forma parte de la que he preparado para Fragmentos de Tinta y a la que le he añadido otros cuantos, me ha sido difícil parar, por suerte estos últimos años he disfrutado muchísimo leyendo. Lo dicho, te comparto la lista de libros. Cómpralos, búscalos en la biblioteca, haz trueque con tus amigos, haz como quieras, pero te recomiendo que los leas, no creo que te arrepientas.

1.Siamesa de María Ramos, editorial El Gaviero: Son muy pocos los libros de poesía que tratan el tema de la maternidad, y aún menos los que abren la puerta a disyuntivas como el aborto o el pensamiento de que quizá no volverías a ser madre y que habla del choque de sentimientos. A mí me introdujo como en una mente bipolar, en una espiral de locura, donde lo bello hiere. Una propuesta muy interesante sobre un tema poco explorado. Para mí este libro es como escribir desde el vientre, es sacar los demonios que oscurecen tu cuerpo.

2. El verano sin hombres de Siri Hustvedt, editorial Anagrama: Mia es poeta, su marido le pide una pausa, que tiene nombre de mujer y se vuelve temporalmente loca, por lo que tiene que estar internada unas semanas, cuando sale decide irse a pasar el verano con su madre, en Minnesota, donde tendrá que volver a encontrar su espacio. El verano de Mia se dividirá entre sus clases de poesía que impartirá a siete niñas preadolescentes y sus visitas a su madre y sus amigas en la residencia. Será también un verano salpicado de misterios y enigmas, con mensajes de Don Nadie y una niña que va siempre con peluca.

Uno de los aspectos que más me gustan es que este es un libro que te permite hacer dos tipos de lecturas, una más lineal y superficial en la que disfrutas de un verano con sus personajes, con los que ríes, lloras, incluso hay momentos para la nostalgia y hablar de sexo. Y una lectura en clave simbólica, en el que como en un puzle unir la niña de la peluca, los escritos de Don Nadie, la poesía… y descubrir algunas «verdades».

3.Poesía completa de José Watanabe, editorial Pre-Textos: Recomiendo toda la obra del poeta peruano José Watanabe, en la edición de Pre-Textos. No me es posible decidirme por uno de sus libros, los adoro todos. Su poesía bebe de la tradición poética hispanoamericana y de la japonesa, más en concreto de la forma poética del haiku; por lo que en su poesía la naturaleza es una constante, como lo son lo enigmático, lo diminuto y lo carnal. Es un poeta que hay que leer al menos una vez en la vida.

4.El hielo en el fin del mundo de Mark Richard, editorial Dirty Works: Me fascinó por su capacidad de introducirte en una atmósfera en todos los relatos, un tipo de atmósfera pantanosa, relatos en los que se transmite que el sueño americano quizá no lo sea tanto.

Los relatos están enmarcados en el realismo más encarnizado y del que parece que se trata de huir por momentos con una gran dosis de poesía y surrealismo. Nos acompañará de continuo una sensación pesada, como si siempre hiciera calor, y nos muestra un mundo extraño, a veces un aire viciado, en el que te encuentras flotando un caballo, madera, gente que parece que ha sido cocida, cuerdas que cuelgan de los árboles y que conectan con el pantano, y podrás navegar por la orilla y ver una casa destrozada y rodeada de vestigios indios, niños peces y niños abandonados en sus casas que esperan la llegada de los perros callejeros por las noches y que juegan a ponerles nombres.

5.Las olas de Virginia Woolf, editorial Edhasa: Me fascina Virginia Woolf, y este libro lo tenía pendiente en mi lista de lecturas, y al fin, hace unos pocos días que lo terminé de leer, y confieso que tengo ganas de volver a leerlo ya, y hacerlo como un experimento, leerlo entero en un solo día, desde por la mañana bien temprano, cuando empiece a salir el sol y terminar al caer la noche (como ocurre en el libro) y dejarme invadir por los pensamientos y lo que les ocurre a este grupo de estudiantes que se despiden en verano después de terminar sus estudios, pensamientos que vienen y se van como el movimiento de las olas, y donde el tiempo se mide de otra forma. El argumento casi no existe, pero Virginia Woolf con su lenguaje te va atrapando y cuando te das cuenta ya estás mar adentro y no hay quien te saque de la marejada de pensamientos y sentimientos. El libro es todo poesía, empieza y acaba siendo una novela con estructura poética, de la que sales transformado, el mundo a tu alrededor ya no es el mismo, es la misma sensación que cuando lees un poema, que se mete en ti y cuando ha terminado de pasar por tu boca, de hacerlo tuyo, todo ha cambiado.

6.Doble fuga de amor y muerte de Jean Legrand, editorial Periférica: Esta es una gran historia de amor, un librito (nouvelle) que condensa un tratado de amor, belleza y muerte materializado en un cuadro lírico donde se unen ambos códigos, el pictórico y el lingüístico para dar lugar a un lenguaje nuevo, en el que las palabras saben crear un segundo plano que está siempre presente, como el de la guerra, y donde las palabras son escorzo, dando profundidad al texto, tanto que según vamos leyendo podemos ver cómo sobresale un hombro o una rosa colocada en el alféizar de la ventana.

7.El cementerio de los reyes menores de Zoran Malkoc, editorial Rayo Verde: Este libro de relatos es uno de los más impresionantes que he leído nunca. Zoran Malkoc desde este año se ha convertido en uno de mis escritores de cabecera. Podríamos definir este libro de relatos como un «absurdo maravilloso» a camino entre las escenas inverosímiles y el reflejo de un mundo de drogas, guerras de mafiosos mezclado con un humor ácido que corroe, del mejor Pulp Fiction de Tarantino, y el realismo mágico de Pedro Páramo de Juan Rulfo, que llena este libro de poesía y misterio. Y de fondo, siempre, siempre, la postguerra de la guerra en Croacia.

8.El sueño de la aldea Ding de Yan Lianke, Automática Editorial: Un libro que habla de la codicia del ser humano y de sus terribles consecuencias. Parece que una maldición haya caído sobre la aldea Ding, pero no es una maldición, es la consecuencia de los actos codiciosos de unos pocos lo que asolará la aldea, la venta masiva de sangre sin precauciones. La enfermedad de la fiebre, así es como se conocerá el SIDA en esta aldea y alrededores.

La apuesta formal es atrevida y acertada, es como un poema hecho novela, donde vemos fluir la sangre y el dolor a cada momento, lo que irá en auge hasta llegar al final cuando se desborda el desenlace y en el que se ha vaciado toda la ira, entonces, solo entonces, hay paz y puede surgir una nueva vida.

Esta es una novela prohibida en China, donde se habla del escándalo de la sangre contaminada de la provincia de Henan.

9.Leer o no leer y otros escritos de Virginia Woolf, Abada editores: Ya veis, Virginia Woolf de nuevo, sí, pero esta vez en su faceta de ensayo, tan importante y tan reveladora como su obra de ficción.

Micropoemas para un viernes cualquiera

El pan y la lengua

hablan del pescado

mientras el cadáver de la palabra guerra

pide que le hagan un manto de lirios,

que pasa frío y no puede dormir.

                         * * *

Hoy he amanecido con siemprevivas

repujadas en las muñecas

y todo me sabe a miel.

                          * * *

Lenguas en lucha por ver cuál dice

la rosa más bonita

lenguas en lucha por ver cuál dice

más nombres vivos.

«Haciendo planes». Karmelo C. Iribarren

Escribo esta reseña desde una cafetería cualquiera, el café listo y el último poema leído, con el tacto del papel que sigue en las yemas y el verso final que aún reverbera en mis labios, «al anochecer: la melancolía» (pág. 73, La melancolía).

Y me planteo qué he leído, qué palabras han dado forma y volumen a mis ojos durante un tiempo finito, quizá dos horas, del papel, y que cobra tras su lectura un aire sempiterno en la atmósfera lograda, en el sabor agridulce que deja.

«Nada para recrear la vista. Algo sólo para sentir» (pág. 16) escribirá Karmelo C. Iribarren en un poema del inicio, El arte y yo. Y ciertamente, esto es Haciendo planes, editado por Renacimiento: un escenario donde predominan las sensaciones; un escenario de nostalgia que tiene como decorado una cadencia lenta, sinuosa, de versos, que van languideciendo; los bares; cafeterías; calles adoquinadas; farolas, y el agua que cae en forma de lluvia persistente, en ningún momento convertida en tromba, sino como un fondo en tus ojos, agua de mar, agua en forma de lágrimas. Da igual cómo, pero siempre el agua como cordón umbilical entre pasado, presente y futuro, de la misma manera que el ventanal desde donde escribo, donde resbala la lluvia y transforma las personas de fuera.

Un poemario que está siempre observando, en el que el tiempo pasa.

Pero, ¿qué es lo que causa la nostalgia?: el amor, un amor pasado que se fue y que le dejó «haciendo planes».

No desistas si al principio notas una carga, si sientes cómo los poemas, el papel, tus manos, tu boca, se van humedeciendo y enfriando. Por momentos quedarás plano, sin saber qué sentir, pero pronto el poeta remonta y nos vuelve a hacer sentir y podrás leer un buen puñado de versos, como «La vida tiene que ser, por fuerza, otra cosa, / estar en otra parte, más allá / de esa lluvia que no deja de caer ahí fuera, / que no deja de caer aquí dentro…» (pág. 58, La vida tiene que ser otra cosa), o «a través / de la estepa nevada del folio, / hileras de palabras, imparables, avanzan, / por verte, una vez más aquella tarde / sonreír». (Pág. 65, Hacia un poema de amor).

Y como la lluvia, es casi más importante lo que se calla, lo que se da a entender, que lo que se lee, es más importante el después, cuando la lluvia ha finalizado y ha transformado todo su alrededor, así se comportan estos poemas.

Juguetes rotos color púrpura

I. El cuerpo

Oigo crujir la madera del lápiz sobre mi ombligo desnudo,

y tiemblo por miedo a mi querencia:

volver a mi cuerpo no magullado,

sin manchas amarillas.

 

Quisiera rodear mi cuerpo hasta la espalda

y ver que aún no hay ningún zurcido en los omóplatos.

 

Borrar la sombra del miedo bajo mis ojos,

eliminar las lágrimas acumuladas en los nudillos

-allí, donde anidan cuervos-,

dejar de guardar el lápiz de la risa en mis codos

como un tesoro, para un por si acaso,

por si volviera a abrirse la garganta y pintara labios de carne,

de nuevo.

 

Pero el silencio reside en la nuca.

 

Y volver se hace difícil.

 

Mi cuerpo ha llegado al punto de no retorno,

ha llegado a donde la querencia no puede habitar,

allá donde se ha olvidado el peso de un abrazo,

allá donde solo queda el borde de mi cuerpo,

negrísima línea que levanta, dos, tres, cuatro,

paredes de silencio:

allí,

en la nuca,

donde el hueco de la palabra,

el hueco del cuerpo.

 

II. Bichos y amapola

Yo inventé

el jugar a que los bichos están ciegos:

(que no son miedo)

el posar de sus patitas, lentas, como sombras

que manchan el campo, que oscurecen la amapola,    una,

y el trigal es todo el claro del claroscuro

y la amapola baila para salir de la mancha.

(ella es frío)

Llama a los gorriones para aprender su calor,

Llama a las mariposas para aprender su nacimiento,

Llama a los saltamontes para aprender su salto.

 

Yo inventé

el jugar a que la mancha se marchaba con un soplido grande,

carrillos inflados de pepitas de uva,

que rellenan la mancha con su sabor ya hecho, dulce,

y la mancha entonces ya está madura

y cae al trigal

y aún me queda dentro otro soplido grande,

juego a que la mancha es el soplido y el marchar.

 

Yo inventé

el jugar a que yo reía siempre.

 

Yo inventé

el jugar a que yo no era una mancha.

 

III. La casa

El cesto de los juguetes roto, color púrpura:

esqueleto fosilizado, testigo, pegado

a la puerta que abres,

 

debajo,

 

siempre siempre siempre

ese suelo,

siempre baldosas picadas:

por la humillación

 

que gotea,

 

y juguetes

 

que en el cesto callan.

 

Tuscumbia de Lola Nieto

“O sentirte encerrado en tu sin-sentido, en tu miedo, tu enigma”

tuscumbia_lola_nietoLola Nieto ha conseguido algo que no es fácil, crear y mantener una atmósfera continua que llega a su cenit en el último poema; nos invade durante todo el poemario una sensación de claustrofobia, de sentirte encerrado, de no saber qué ocurre, de creer que todo es misterio y enigma. Lola Nieto ha creado poemas como de terror psicológico.

Tenemos frente a nosotros una voz inconfundible, que es un híbrido en el que se rompe la frontera entre poesía y prosa, sus poemas se posan en el umbral del relato, aunque no lo llega a cruzar nunca del todo. El libro físico es una pieza más de esta pieza de arte llamada “Tuscumbia” con sus juegos de tipografía, cambios de letras, palabras que al final se deshacen en puntos diminutos… Este libro nos recuerda un poco a las vanguardias, quizá al Dadaísmo, porque la poeta nos provoca, nos cuestiona a nosotros y a ella misma y junta las palabras como angustiada, sin respiración, entrecortando la lógica del lenguaje.

Subyace durante todo el poemario que la vida, que nosotros somos misterio y por eso somos cajas en las que no sabemos qué es lo que tenemos guardado, preguntarse cuántas cajas somos es como preguntarse cuántas personas somos en una sola, y ¿las puedes separar?, ¿qué ocurriría si lo hicieras?

Puede que quizá al principio no sepas de qué va “Tuscumbia”, que no le encuentres mucho sentido ni sepas qué es lo que tienes que sentir, pero te recomiendo que no lo dejes, porque lo mejor está al final, donde hallarás el poema “Jean Améry y mi madre | La caja del lenguaje destrozado”, con el cual alcanza a crear un lenguaje completamente nuevo, necesario para poder hablar del suicidio, ya que con el lenguaje lógico y cotidiano parece que no se hace.

El libro es un ente orgánico que va creándose según lo vas leyendo, que tiene vida propia y tú no puedes controlarlo.

Lola Nieto (Barcelona, 1985), es Doctora en Filología Hispánica, coordina con Antonio F. Rodríguez y Laia López Manrique la Revista Kokoro, publicó en 2014 el libro “alambres” (Kriller71-Púlsar).

“Nadie se atrevía a retirar los cuerpos porque entendieron que era un presagio. Entendieron que en ese lugar todo lo que cayera se perdería dos veces” (página 42, poema “arcoíris”, “Tuscumbia”, Lola Nieto, Harpo habla, 2016).

La paciencia de los árboles de María Sotomayor

la_paciencia_de_los_arboles_maria_sotomayorNo evites leer este libro por muy doloroso que te pueda resultar, porque no lo vamos a negar, este libro pincha (¡y tanto!), cada poema es como una espina, que nos hace enfrentarnos a nuestro yo del mañana, al mañana de tus seres queridos y por esto encontrarás continuas referencias a la vejez, al deterioro del cuerpo y la mente, pero hallarás también ternura y la inocencia y la alegría del juego revivido.

María Sotomayor hace que las palabras se expandan y se acompasen al ritmo de los árboles y que se enreden con la memoria, la herencia y el acto de vivir, es un acompasar lento, una vida a veces en espera que crece año a año en los bosques, en el agua, en los peces, en el recuerdo, en la enfermedad, en la caca y finalmente en la muerte.

A lo largo de todo el libro hallarás un fino hilo conductor, o mejor dicho, una raíz que se irá haciendo cada vez más fuerte y que conectará varias generaciones de mujeres que se apoyan la una en la otra. Es interesante ver cómo María Sotomayor es capaz de transmitir los diferentes “papeles” que representa una sola mujer al mismo tiempo, la flexibilidad de su cuerpo y mente, siendo abuela-madre-hija o madre-hija-nieta.

Y todo esto nos lo cuenta de una manera delicada, repleta de detalles cotidianos, de platas, de pequeños poemas, los cuales algunos rozan la fábula y el encantamiento, y es una poesía muy visual, plástica, pictórica, que podrías rozar con la yema de tus dedos. Y te preguntarás, ¿qué tiene este poemario de diferente con otros que también hablan sobre la vejez, la enfermedad, la muerte? La diferencia está en la manera de mostrárnoslo, que podría decirse de influencia barroca, instante en el cual nos empezaron a mostrar mendigos, niños hambrientos, heridas. María Sotomayor no huye de lo feo y de lo que nos puede dar incluso asco, no se gira ni tapa nada, sino que lo incluye y hace que todos comprendamos y aceptemos que existe.

Con este libro aprenderás la paciencia de los árboles y que “Tienes el sabor de los ojos cuando se cierran/ un viento tranquilo en las manos/ que habla todavía de niñas grandes/ masticando los tallos y sonrojando la flor” (página 11, “La paciencia de los árboles” María Sotomayor, Le Tour 1987).