Doble fuga de amor y muerte de Jean Legrand

Doble fuga de amor y muerte Jean LegrandPor resumir, podríamos decir que esta es la historia de amor que vive una pareja durante la guerra alejados de ella, aislados en una casa. Pero eso sería empobrecer esta pequeña nouvelle inédita hasta 2013 del escritor francés Jean Legrand, y decimos empobrecer porque es mucho más que eso, es un tratado de amor, belleza y muerte materializado en un cuadro lírico donde se unen ambos códigos, el pictórico y el lingüístico para dar lugar a un lenguaje nuevo, en el que las palabras saben crear un segundo plano que está siempre presente, como el de la guerra, y donde las palabras son escorzo, dando profundidad al texto, tanto que según vamos leyendo podemos ver cómo sobresale un hombro o una rosa colocada en el alféizar de la ventana. Esto último nos conecta con el exterior, porque estos amantes viven su amor en una casa aislada y más allá está la guerra. Son ellos y la guerra.

Hay un diálogo continuo entre interior y exterior, entre amor y muerte, los dos puntos de fuga, los dos símbolos de la existencia del ser humano, en los que Jean Legrand quiere que te fijes.

El autor es muy exigente con el lenguaje y no le deja descansar hasta que no consigue extraer de él toda la sensualidad, todas las metáforas, toda la exuberancia de la conjunción del amor y de la muerte.

Es esta una obra realmente sugerente y adictiva.

Jean Legrand (Montpellier, 1910-París, 1982), amaba el Surrealismo, (aunque no se adscribió a él), el jazz, a Nietzsche y a Proust. Fue impresor, editor y creador de un minúsculo movimiento literario llamado Sensorialismo. Publicó hasta los años cincuenta y después se retiró a la región donde había nacido. En el momento de su muerte lo hizo convertido en un escritor tan secreto como mítico.

Aprendiendo a desaprender en poesía II. Es cuestión de cuestionarse.

Segunda clase magistral, segundo profesor, esta vez conozco a Pablo García Casado, que nos recalca el hecho de cuestionarse, cuestionarse el punto de vista, el ritmo, el tema, el hecho poético… cuestionar al creador, la creación y a la poesía misma.

Así que la conclusión es que es cuestión de cuestionarse y yo ahora me cuestiono y me borro del primer nivel de conocimiento, memoria, tradición, que ya está viciado y me instalo en el segundo nivel, en ese que puede ver de manera limpia y nueva, para empezar a construir de nuevo, para reorganizar los elementos, jugar a que la poesía quiere aprender la vida y jugar a un nuevo lenguaje, ese que no tenga miedo, que se atreva con la cicatriz desde dentro. Y atreverse a colocarse en el incómodo asiento de la espiral de la cuestión.

Comienza el borrado ya.

Aprendiendo a desaprender en poesía I

Ayer lunes, 3 de octubre, asistí a la primera clase magistral dentro del marco del festival de poesía de Cosmopoética.Poetas del mundo en Córdoba, con Antonio Lucas de “profesor”, y en esta charla surgieron tres preguntas que aunque intuyes que sabes, pocas veces te las preguntas seriamente: ¿porqué escribes poesía?, ¿qué buscas en la poesía?, ¿cómo escribes poesía?
Hoy me lo he preguntado y he llegado a estas conclusiones o reflexiones:
Escribo poesía porque siento que lo necesito, para qué la necesito realmente, no estoy segura, intuyo que es para completarme como persona, para sentir que soy capaz de crear (no solo destruir) y que quizá eso que escribo, le ayude a otro a completarse también porque encuentre una palabra, una frase, que llene el vacío.
Escribo, bueno, realmente leo poesía, para recuperar el ritmo del mundo que me rodea y poder respirar acompasadamente con mi corazón, mis venas, ya que hay un desajuste entre ritmo externo (mundo colindante) y el interno, ese expandir y contraer el corazón, y de ese desajuste ya salen, surgen, el resto de desajustes, el del vacío, el de hallarse perdido, el de no saber quién eres y lo que quieres de verdad.
¿Qué busco en la poesía? Busco ante todo respirar y crear sensaciones, atrapar en las palabras esos pequeños momentos que si no quedan plasmados se volatilizan, y es por esto que mi poesía creo que es muy visual, o al menos es lo que intento, que quien lo lea pueda llevar por mucho tiempo el poema en la cabeza, que arrastre en su sombra el poso, la sensación del poema.
¿Cómo escribo yo poesía? Buena pregunta, cerrando mucho los ojos, necesito dejar de ver para volver a ver, por eso creo que me es tan difícil escribir en bares o cafeterías, aunque me encantaría poder hacerlo, pero no soy capaz, (pongo muchas caras raras mientras escribo 🙂 ), algún pequeño verso sí, o apuntar una palabra, una imagen, sí, pero ya un poema en serio no, porque cierro mucho los ojos, tanto que a veces duele e incomoda, como la poesía, y entonces esa idea o sensación que lleva rondándome semanas me llega en forma de primer verso y después, después casi siempre viene el bloqueo y, cuando llevas igual una hora con un solo verso, a lo sumo dos, de repente suele venir el torrente y al final acabo extasiada, porque a mí escribir poesía me agota, no me resulta fácil, no tengo esa facilidad para parir versos como otros, sino que yo noto que salen de tan abajo o de tan dentro, tengo tanto que dejar de ver que es una fatiga, un ejercicio que me deja sin respiración, pero que tiene su recompensa cuando ves que ahí, en ese papel hay una intuición, una sombra de poema, que habrá que dejar reposar, que se ensamble, que las palabras, como la madera, con el frío y el calor cojan su holgura, luego toca volver a cogerlo del cajón al cabo de un tiempo y preguntarte qué hay aquí, y a veces tachar solo una palabra y cambiarla por otra, y otras tachar casi todo, y al final quedarte con un poema de tres versos, así es, para quedarte con el hueso, con la esencia del poema.